Hubo un tiempo en que ver una película era un pequeño ritual.
Elegir qué ver, preparar algo para picar, sentarse sin prisas y dejar que una historia se desarrollara de principio a fin.
No era solo entretenimiento: era una pausa.
Hoy, ese hábito convive —y a veces compite— con otra forma de consumo mucho más fragmentada: videos cortos, verticales, diseñados para que sigas deslizando casi sin pensar.
En ese contexto, la noticia no pasó desapercibida: Disney+ incorporará videos verticales al estilo TikTok dentro de su plataforma, con el objetivo de aumentar el uso diario de la app, especialmente entre usuarios jóvenes.
La pregunta no es solo qué hará Disney.
La pregunta más incómoda es otra:
❓ ¿Qué significa que hasta el streaming adopte la lógica del scroll infinito?
Significa que las plataformas ya no compiten solo por ofrecer mejores historias, sino por retener nuestra atención el mayor tiempo posible, integrando dinámicas propias de las redes sociales.
El entretenimiento audiovisual se está adaptando a formatos diseñados para generar hábito y permanencia, incluso cuando eso implica fragmentar la experiencia y reducir la atención profunda que requieren las narrativas largas.
Este patrón conecta con lo que ya hemos visto sobre cómo ciertos hábitos digitales terminan saboteando nuestra paz mental, como analizamos en los pecados digitales que afectan el bienestar emocional.
📱 Disney+ y el giro hacia lo vertical
Disney+ nació como una plataforma para consumir historias largas: películas, series, documentales. Contenido que requería tiempo, foco y cierta disposición mental.
Con la incorporación de videos verticales:
- la app busca convertirse en un destino diario, no ocasional
- adopta un formato optimizado para el móvil
- compite directamente con TikTok, Reels y Shorts por minutos de atención
Desde el punto de vista del negocio, tiene sentido: los usuarios más jóvenes ya están acostumbrados a consumir contenido rápido, personalizado y continuo. Las plataformas que no se adaptan, pierden relevancia.
Pero desde el punto de vista del usuario, el cambio no es neutro.
Para entender este movimiento hay que mirar más allá del formato. Hoy, el valor de una plataforma ya no se mide solo por cuántos usuarios tiene, sino por con qué frecuencia esos usuarios vuelven. El uso diario crea hábito, reduce cancelaciones y convierte la app en parte del día a día, no en una decisión ocasional.
Desde lo personal, esto cambia la relación que tenemos con el entretenimiento. Ya no entramos porque queremos ver algo específico, sino porque la app “nos llama”. Esa diferencia es sutil, pero clave: cuando el consumo deja de ser una elección consciente y pasa a ser una rutina automática, la plataforma gana tiempo… y el usuario pierde control.
🤔 ¿Por qué Disney quiere que entremos todos los días a la app?
Porque el modelo de streaming actual depende menos del catálogo y más del hábito. Cuanto más cotidiana es la app, menos se cuestiona su uso y más difícil es cancelarla.
🧠 Cuando el entretenimiento deja de ser un momento y se vuelve un flujo
El problema no es el video corto en sí.
El problema aparece cuando dejamos de elegir conscientemente qué consumir y entramos en modo automático.
Esto es algo que muchos ya hemos vivido con TikTok. En mi caso, empezó como una app para “ver algo rápido” y terminó convirtiéndose en una trampa de tiempo bastante conocida: entras cinco minutos y sales una hora después, sin recordar exactamente qué viste.
Lo curioso es que, al inicio, los videos eran más breves. Con el tiempo, la duración se amplió… y también el tiempo promedio de uso. No porque el contenido fuera mejor, sino porque el diseño favorece la permanencia.
Aquí no hay casualidad: hay psicología aplicada.
🧠 ¿Por qué el scroll infinito es tan adictivo?
Porque elimina el punto de cierre. Al no haber un final claro, el cerebro entra en modo automático, siempre esperando el próximo estímulo que “valga la pena”.
🔄 Microcontenido y atención fragmentada
Diversos análisis sobre hábitos digitales coinciden en algo: la exposición constante a estímulos breves entrena al cerebro para saltar rápidamente entre contenidos, reduciendo la tolerancia al ritmo lento o a la espera.
No significa que perdamos la capacidad de concentración para siempre, pero sí que:
- cuesta más sostener la atención en narrativas largas
- aumenta la necesidad de estímulo constante
- se vuelve incómodo “no hacer nada” frente a una pantalla
Cuando este modelo se traslada a plataformas como Disney+, el riesgo no es que desaparezcan las películas, sino que sean desplazadas por el consumo impulsivo, incluso dentro de espacios pensados originalmente para otra cosa.
Diversos estudios de uso muestran que el tiempo que pasamos en contenido corto suele extenderse mucho más de lo que percibimos. Mientras una película requiere una decisión consciente, el microcontenido nos mantiene conectados durante largos periodos sin una intención clara.
| Plataforma | Contenido corto (Shorts / Reels / TikTok) | Contenido largo (Videos / Películas / Series) | Observaciones |
|---|---|---|---|
| TikTok | 45–75 minutos por sesión prolongada | No aplica | Diseñada para scroll infinito y consumo automático |
| YouTube | 25–40 minutos en Shorts | 30–90 minutos en videos largos | El formato corto suele actuar como puerta de entrada |
| 30–50 minutos en Reels | 10–25 minutos en videos largos | Prioriza contenido rápido y altamente emocional | |
| Streaming tradicional (ej. Disney+) | No predominante | 90–120 minutos por sesión | Consumo intencional y narrativo |

Más allá de los números, lo inquietante es cómo se vive este tiempo. Una película de dos horas suele sentirse como “mucho”, porque implica atención sostenida y una decisión previa. En cambio, pasar 45 o 60 minutos en videos cortos rara vez se percibe como exceso, aunque el desgaste mental sea mayor.
En mi experiencia —y en la de muchas personas con las que hablo— el cansancio no viene de “ver demasiado”, sino de no recordar claramente qué se vio. El microcontenido no se acumula como memoria o experiencia, sino como fatiga difusa. Y eso cambia por completo la forma en que terminamos una sesión frente a la pantalla.
🎬 ¿El contenido corto está “matando” las películas largas?
No las elimina, pero sí compite con ellas. Frente a un formato que exige paciencia y foco, el microcontenido ofrece gratificación inmediata sin compromiso.
🌍 Un apunte incómodo: no todo el contenido es igual en todos lados
Existe además un debate interesante —y algo polémico— sobre cómo varía el tipo de contenido que se prioriza según la región.
En América Latina, TikTok suele estar dominado por entretenimiento rápido, tendencias virales y estímulo constante. En otros contextos, como China, se ha señalado que el enfoque puede ser más educativo o didáctico, precisamente por el reconocimiento del impacto que estas plataformas tienen sobre la atención.
No es una afirmación absoluta ni cerrada, pero sí una pregunta legítima:
¿somos solo consumidores de atención o también ciudadanos digitales con capacidad de elección?
👶 ¿Cómo afecta el scroll infinito a niños y adolescentes?
En etapas donde la atención y la autorregulación aún se están formando, la exposición constante a estímulos rápidos puede dificultar la tolerancia al aburrimiento y a los ritmos lentos.
🍿 El valor de los rituales (una experiencia personal)
Esto me toca especialmente en lo personal.
Tengo una sobrina con la que solía compartir algo muy simple pero significativo: elegir una película, comprar chucherías, preparar una torta instantánea, hablar antes de darle play sobre qué íbamos a ver. El cine como experiencia compartida.
No era solo ver una pantalla. Era presencia, conversación y memoria.
Ese tipo de momentos no desaparecen por la tecnología, pero sí requieren más intención en un entorno donde todo compite por nuestra atención inmediata.
Si no la ponemos nosotros, el algoritmo la pone por nosotros.
⚖️ ¿Innovación o síntoma?
La llegada de videos verticales a Disney+ puede verse como innovación.
Pero también como síntoma de algo más grande: una economía de la atención donde incluso el entretenimiento narrativo adopta las reglas del scroll.
No se trata de demonizar plataformas ni de idealizar el pasado. Se trata de reconocer que:
- nuestra atención es limitada
- nuestro tiempo tiene valor
- y no todo consumo debe ser automático
🛠️ Cómo consumir sin dejarse consumir

👨👩👧 ¿Cómo pueden padres y adolescentes reducir el consumo automático de pantallas?
Estableciendo límites claros, diferenciando momentos de ocio rápido y consumo profundo, y recuperando experiencias compartidas fuera del scroll.
No se trata de prohibir ni de demonizar las plataformas, sino de aprender a poner intención al uso de la tecnología. Cuando los adultos modelan un consumo consciente, los más jóvenes entienden que no todo tiempo frente a una pantalla debe ser impulsivo ni fragmentado.
Estas ideas no buscan eliminar el entretenimiento digital, sino devolverle un lugar más sano dentro del día a día.
En resumen: el problema no es el uso de pantallas, sino la falta de límites y de intención consciente.
A partir de aquí, algunas acciones concretas para pasar del consumo automático al consumo consciente son:
1. Define qué buscas antes de abrir una app
¿Quieres distraerte cinco minutos o ver algo con calma? Nombrar la intención cambia por completo la experiencia y evita que el algoritmo decida por ti.
2. Separa consumo rápido de consumo profundo
No todo tiene que ser scroll. Reservar momentos para una película completa o una serie sin interrupciones ayuda a entrenar la paciencia, la atención sostenida y el disfrute consciente.
3. Recupera rituales
Ver contenido puede volver a ser una experiencia compartida, no solo individual y acelerada. Preparar el espacio, elegir juntos qué ver y comentar después fortalece el vínculo y reduce el consumo automático, especialmente cuando hay niños o adolescentes involucrados.
4. Usa temporizadores de uso en el celular
Los límites automáticos ayudan a recordar la intención inicial. No se trata de prohibir, sino de crear pequeñas pausas que te devuelvan el control antes de caer en el scroll automático.
🧠 La atención también se cuida
Disney+ no se está “volviendo TikTok” por capricho. Está respondiendo a cómo consumimos hoy. Pero eso no significa que tengamos que aceptar sin cuestionar cada nuevo formato.
Gestionar la atención también implica aprender a regular la respuesta emocional que generan las plataformas, algo que exploramos más a fondo en estas herramientas para manejar emociones en días intensos.
Al final, la tecnología no decide por nosotros… si nosotros decidimos primero.
Cuidar la atención no es nostalgia. Es autocuidado.

